Señor de sabiduría entronizado,
de cólera viva, y de rápida risa;
un viejo de gastado sombrero
que se apoya en una vara espinosa.
Estuvo solo sobre el puente
desafiando al Fuego y a la Sombra;
la vara se le quebró en la pierdra,
y su sabiduría murió en Khazad-Dûm.
—¡Bueno, pronto derrotará al señor Bilbo!—dijo Sam.
—No, temo que no —dijo Frodo—, pero no soy capaz de nada mejor.
—En todo caso, señor Frodo, si algún día tiene ganas de componer algo más, espero que diga una palabra de los fuegos artificiales. Algo así:
Los mas hermosos fuegos nunca vistos:
estallaban en estrellas azules y verdes,
y después de los truenos un rocío de oro
caía como una lluvia de flores.
"Aunque está muy lejos de hacerles justicia.
—No, te lo dejo a tí, Sam. O quizá a Bilbo. Pero..., bueno, no puedo seguir hablando. No soporto la idea de darle la noticia a Bilbo.