Por eso es tan fácil enamorarse, porque lo único que hace falta es alguien a quien vestir con todo lo que uno quiere que el otro sea.
Y lo que uno quiere es que el otro sea uno.
Mientras podamos mantenerlo ahí, el enamoramiento es seguro.
Cuando la fuerza de nuestra propia proyección comienza a decaer y le quitamos de encima todo lo que era nuesrto, el otro vuelve a ser lo que siempre fue para todos, menos para uno.
Y se convierte en un desconocido.
Sólo buceando en lo profundo de nosotros mismos podremos reconocer el verdadero deseo, y al encontrarlo milagrosamente desaparece la necesidad de buscar.
Gabriela Acher.-
Es una genial escritora. Esto es parte de uno de sus libros, que se llama "El amor en los tiempos del colesterol", es muy gracioso, y muy cierto.
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